domingo, 19 de octubre de 2014

Apus pallidus en Asturias

El día 22/10/2013 por la tarde, Dani López Velasco, localizó en Salinas (Castrillón) dos vencejos, que resultaron ser un vencejo pálido (Apus pallidus) y un vencejo moro (Apus affinis); este último suponía la primera observación de la sp en Asturias. Esto sucedía tras varios días de vientos del S-SO.


Vencejo moro (fotografiado en la provincia de Cádiz).

Extremo del Cabo Peñas.
Al día siguiente, acudimos los dos al Cabo Peñas, puesto que las observaciones de vencejos en otoño suelen ocurrir en cabos. Poco después de las 12:00 localizamos varios vencejos volando sobre el mar, que se fueron acercando a la zona del faro. Todos eran vencejos pálidos, y contamos un mínimo de 16 ejs, el mayor grupo visto en Asturias hasta la fecha.






Vencejos pálidos en el Cabo Peñas el 23/10/2013.






Al día siguiente aún localizaron 4 ejs por la zona (Clemente Álvarez y Ramón F. Revuelta), y el día 25 fue visto un ej (Rubén Fdez.). Posteriormente, el día 03/11/14, se vió (Xuan Cortés y Jorge Valella) un ej en paso sobre el mar hacia el oeste.


Vencejo pálido en el Cabo Peñas el 24/10/2013. Fotos: Clemente A. Usategui.

El vencejo pálido parece que está extendiéndose hacia el norte en su distribución como nidificante. Recientemente se ha establecido como reproductor, aunque en número bajos en la provincia de Zamora, y en las ciudades de Santander y La Coruña, por lo que deberíamos estar atentos a una posible próxima colonización de alguna ciudad costera. De momento, las observaciones de esta sp en Asturias son escasas, y siempre en otoño, cuando ya no se ven vencejos comunes (Apus apus), del que es difícil de distinguir.

Vencejo común.

Vencejo pálido. Peñas 23/10/13.


domingo, 12 de octubre de 2014

Cabo Peñas - Punta de la Vaca

Vista desde la Punta de la Vaca, con el Cabo Peñas al fondo.
           El Paisaje Protegido del Cabo Peñas se estableció en el Decreto 80/1995 de 12 de mayo. Es un espacio de 19,26 km2, y está incluido en la ZEPA Cabo Busto-Luanco. Ocupa la franja costera entre la desembocadura de la ría de Avilés y la Punta de la Vaca.

Tarabilla común (Saxicola rubicola) con el faro de Peñas al fondo.

Campiña en el Cabu Peñes.

Avefrías (Vanellus vanellus), frecuentes en invierno en la campiña.

 En el extremo del cabo, los acantilados cuarcíticos alcanzan los 100 m de altura, constituyendo el borde norte de la rasa costera, que se ve interrumpida solo por pequeños valles. La zona más valiosa botánicamente es el amplio brezal-tojal, con hasta 8 spp de brezos: Daboecia cantabrica, Calluna vulgaris, Erica vagans, E. ciliaris, E. cinerea, E. arborea y E. mackaiana. También hay una depresión con brezal higroturboso, donde se encuentra Erica tetralis. En este hábitat viven el eslizón tridáctilo (Chalcides chalcides), y el lución (Anguis fragilis).

Erica mackaiana en el Cabu Peñes.


Turbera en La Granda de Peñes.

Brezal en el Cabu Peñes.
 La campiña de la comarca, con prados de siega, maizales y abundantes setos y bosquetes, mantiene una comunidad de aves interesante, con nidificantes como la alondra (Alauda arvensis), la lavandera boyera (Motacilla flava), el bisbita arbóreo (Anthus trivialis), el zarcero común (Hippolais polyglotta), la curruca rabilarga (Sylvia undata), el pardillo común (Carduelis cannabina) o el escribano triguero (Emberiza calandra).


Jóven de alondra en la campiña de Peñes.

Bisbita arbóreo.

Pareja de pardillo común.


Campiña con maizales en otoño.
 Durante los pasos de primavera y otoño, muchas aves en migración reposan en esta franja costera, tanto en los prados como en las zonas de setos y matorral, abundantes por ejemplo en Peroño, en las cercanías de la Punta de la Vaca. Debido a su posición avanzada hacia el mar y a su situación geográfica, es un buen lugar para localizar aves escasas o accidentales, y es posiblemente el mejor lugar de Asturias para ello.


Collalba gris groenlandesa (Oenanthe oenanthe leucorhoa) en primavera.

Mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) en otoño.

Jóven papamoscas papirrojo (Ficedula parva), una de las rarezas registradas en Peñas.

Escribano nival (Plectrophenax nivalis), de presencia anual en otoño.

En los islotes costeros (La ErbosaLa Gaviera y El Sabín), nidifican cada vez más escasos el paiño común (Hydrobates pelagicus), el cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) y la gaviota patiamarilla (Larus michahellis), y esporádicamente el gavión atlántico (Larus marinus).


Isla la Erbosa desde la Granda de Peñes.


Pollo de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) en la Vaca.


Punta de la Vaca desde el Cabu Peñes.


Punta de la Vaca en noviembre. Foto: Ramón Fdez. Revuelta.
Fumarel común (Chlidonias niger).



       
   Por otro lado, por esta costa pasan cada otoño cientos de miles de aves marinas, que en días de viento fuerte se acercan a tierra. La Punta de la Vaca es, después de la Estaca de Bares, el mejor lugar en España para la observación de estas aves. Algunos días es posible contar varios miles de aves marinas en paso cada hora, de una gran variedad de familias, desde procellariformes a láridos.



Grupo de alcatraces (Morus bassanus) pasando bajo la Vaca.


Pardela cenicienta (Calonectris diomedea).


Halcón peregrino (Falco peregrinus) a la espera de migrantes.
Es fundamental el mantenimiento de las comunidades vegetales naturales, y de los usos tradicionales en la agricultura de la zona, para ayudar a las aves en sus largas migraciones.


Punta de la Vaca.


Halcón peregrino. Foto: Ramón Fdez. Revuelta.

domingo, 5 de octubre de 2014

Migración de paseriformes en el Golfo de Vizcaya (III)

Mar Cantábrico.
En ocasiones se producen sedimentaciones de migrantes muy llamativas, concentrándose cientos o miles de aves en una pequeña franja litoral. Afectan a un gran número de spp, dependiendo de las fechas, y es frecuente encontrar en ellas alguna sp rara o que se halla fuera de su hábitat habitual. No es raro ver carriceros entre zarzas, papamoscas en brezales o incluso aves forestales, como el reyezuelo sencillo (Regulus regulus) en un acantilado marino. Lo que les ha ocurrido es que han tenido que interrumpir repentinamente su viaje.


Reyezuelo sencillo en la campiña costera asturiana.


Picos de Europa desde la costa de Gozón.
Estas sedimentaciones o caídas, coinciden siempre con un cambio repentino de la meteorología durante la madrugada, siempre que haya un flujo importante de aves. Cuando el viento rola a sur, o la lluvia hace acto de presencia, las aves necesitan interrumpir su viaje, pero no lo podrán hacer hasta llegar a tierra; entonces se produce la concentración en las primeras horas de la mañana, pero a lo largo de ésta se hace evidente el descenso de la densidad de aves. Dependiendo de la fecha, variarán las spp involucradas o la proporción de cada una. Lo variable de la climatología de unos años a otros, hace que cada sedimentación sea diferente a las demás.




Fotografiando una collalba desértica (Oenanthe deserti) en Rodiles (Villaviciosa); 13/11/11.


Escribano lapón (Calcarius lapponicus) en el Cabo Peñas.
En ocasiones, en las circunstancias descritas, hemos visto multitud de aves llegando a la costa a media mañana, algunas con las fuerzas justas para alcanzar tierra, tras un gasto energético muy superior al que necesitarían con viento favorable. Hay incluso observaciones de pájaros posándose unos segundo en el mar, y son comunes los que se posan en barcos a descansar. También es frecuente que estos migrantes sean atacados por depredadores alados, como el halcón peregrino (Falco peregrinus), el esmerejón (Falco columbarius) y el gavilán (Accipiter nisus), incluso mar adentro, o por aves generalistas como las gaviotas.




Halcón peregrino en su posadero frente al Cantábrico. Foto: Ramón Fdez. Revuelta.

Gavilán en el Cabo Peñas, a la espera de migrantes.

  Cada especie migradora muestra un período fenológico particular, independiente de la meteorología cuando se trata en términos globales. Los migrantes transaharianos presentan un patrón fenológico más adelantado que los presaharianos, y es en los meses de agosto y septiembre cuando pasa el grueso de estas aves. Es este último mes el que proporciona mayores oportunidades de observar el fenómeno tratado, posiblemente debido al mayor número de migrantes y a la relativa prisa que les invade a medida que avanza el calendario. Por su parte, los migrantes presaharianos, aves que pasan el invierno en Iberia o el norte de África, se ven principalmente en septiembre y octubre, apareciendo en noviembre los que van a invernar en la región. El principal protagonista de las entradas tardías es el petirrojo (Erithacus rubecula), aunque también se suman otros como el mosquitero común (Phylloscopus collybita), bisbita pratense (Anthus pratensis), alondra (Alauda arvensis), lavandera cascadeña (Motacilla cinerea), zorzal común (Turdus philomelos) y zorzal alirrojo (Turdus iliacus).


Petirrojo capturado para anillamiento en Gozón.

Bisbita pratense recién llegado a la costa.

Alondra común en la costa asturiana.

Zorzal común.
Se ha apuntado para alguna especie, como el zarcero común (Bermejo et alii, 2002), una estrategia migratoria diferente para las aves del año, que presentan en promedio unas alas más cortas que los adultos, con lo que perderían eficacia viajera (realizando posiblemente etapas más cortas), pero ganarían en maniobrabilidad para evitar a los predadores durante el peligroso viaje.


Ala desplegada de un zarcero común jóven.


Carricero común jóven en otoño.
Últimamente se ha demostrado que especies como el carricerín común (Acrocephalus schoenobaenus) (Grandío, 1998), utilizan las zonas palustres de la cornisa como un importante lugar de reposo, con tasas de “engorde” iguales o superiores a las del sur del Reino Unido, algo que debe suceder con un buen número de especies. Es Asturias, y en general toda la Cornisa Cantábrica, un área de importancia vital para las hordas de paseriformes que cada otoño cruzan el continente hacia sus cuarteles de invernada. Por ello deben conservarse, no solo los humedales con abundante vegetación ribereña, sino también las campiñas costeras ricas en linderos de especies arbustivas (las “sebes” asturianas), sotos y áreas de matorral, donde los pequeños pájaros insectívoros recuperan sus menudos cuerpos del gran esfuerzo de la migración.

Carricerín común capturado en Verdicio (Gozón).

Carrizal de Tenrero, Verdicio (Gozón).


Más información:
   Bermejo, A., de la Puente, J. Y Pinilla, J. (2002). Fenología, biometría y parámetros demográficos del Zarcero común (Hippolais polyglotta) en España central. ARDEOLA, 49 (1): 75-86.
        Grandío, J. M. (1998). Comparación del peso y su incremento, del tiempo de estancia y de la abundancia del Carricerín común (Acrocephalus schoenobaenus) entre dos zonas de la marisma de Txingudi (Norte de España). ARDEOLA, 45 (2): 137-142.