jueves, 1 de octubre de 2026

Turismo sin fronteras

 

Ocio en la playa, descanso al sol y natación, pero al ser ésta de piedra volcánica apenas tiene visitantes. Isla de La Palma, Islas Canarias.

En lo que va de siglo, la euforia por los viajes turísticos se ha disparado en las sociedades desarrolladas. No solo como un aumento del clásico turismo de playa, que tanto “guiris” como nacionales pusieron de moda en nuestro país, y que sirvió en gran medida para su desarrollo económico, sino como un turismo enfocado a visitar lugares con historia, arquitectura o naturaleza destacadas, o con atractivos artificiales (cruceros, parques temáticos, museos, etc) expresamente creados para esos visitantes. Los viajes se han convertido en una moda al alcance de la clase trabajadora.

Tramo de playa acotado por un hotel, con tumbonas y sombrillas. Playa de Nerja, Málaga.

Playa mallorquina con todos los ingredientes del verano. Playa de Formentor.

Playa de Ca'n Picafort (Mallorca) en el año 2000, con los lugareños aún sorprendidos por la aglomeración.

Las playas del Distrito de Beidaihe, en la provincia china de Hebei, en las costas del Mar Amarillo, se llenan en verano de turistas rusos, que buscan el clima y el mar que no tienen en sus costas.

Tal es la afluencia de rusos en Beidaihe que, en algunos hoteles llenan sus repisas únicamente con vodka.

En el siglo XX había viajeros que visitaban esos lugares, cuando entrañaba cierta dificultad el acceso a ellos, pero ahora se trata de un hábito masivo y fácil, que en algunos casos supone incluso un problema para las ciudades o lugares objeto de ese deseo por acumular recuerdos digitales, y que se ha convertido en un negocio redondo.

En Notre Dame de París, incluso antes del fatal incendio de 2019, era raro no encontrar una cola de turistas esperando para acceder a su interior.

Parque Temático de Futuroscope, en Poitiers, Francia.

Piazza di Spagna (Plaza de España) en Roma, un ejemplo de masificación turística que impide ver un lugar sin obstáculos.

Grupo de turistas atendiendo a las explicaciones de su guía, observados por un residente. Templo de Edfú, Egipto.

Turistas en la Plaza de España de Sevilla.

Al ser una moda, conlleva sus inconvenientes, principalmente la falta de interés real de muchos de los visitantes por las cosas interesantes del lugar, y menos aún por el bienestar de sus habitantes, tanto humanos como de otro tipo (otros animales y vegetales), y del paisaje. Se busca el recuerdo, el que luego puede enseñarse, en el pasado en forma de álbumes de fotografías, y ahora el que se cuelga de inmediato en internet, es decir, el único interés de muchos es hacer fotos. En ellas, la importancia del patrimonio histórico, artístico, social o natural pasa a un segundo plano, siendo lo principal la presencia del sujeto que hace la foto en el lugar de moda.

En muchas fiestas populares se recrean tiempos pasados, en especial el uso de trajes tradicionales que solo sirven ya para su exibición. Mujeres con traje tradicional de Candelario, en Salamanca.

Algunas fiestas se han convertido en un gran atractivo turístico para las ciudades o pueblos que las celebran. Es el caso del "Jaleo" en Menorca, sobre todo el de Ciutadella. En la imagen Jaleo en Fornells, Menorca.

El Palacio y los Jardines de Versailles, cerca de París, es uno de los lugares más visitados de Francia, y los motivos son numerosos; pero para muchos turistas, lo más importante es la foto personal.


Pareja inmortalizando su paso por la villa de Olinda, declarada por la Unesco Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad. Olinda, Pernambuco, Brasil.


Dos deportistas le solicitan una foto a un paseante. The Rumble, Central Park de Nueva York.

Se busca, por otro lado, el traslado de los gustos y costumbres del turista al lugar visitado (no al “destino”, como pretenden denominar ahora a las localidades objeto de deseo), lo que conlleva una homogenización o globalización de la hostelería, la señalización y el urbanismo, entre otras cosas, aspectos que acaban siendo parecidos en todo el mundo, o aglomeraciones contrarias a lo que buscaba el viajero del pasado, que únicamente pretendía conocer la forma de vivir o de pensar de los lugares por los que pasaba.

Escena con visitantes de diferentes estilos en los jardines de Versailles.

Turista, posiblemente norteamericano, en Bonifacio, Córcega.

Escena con estudiantes y otros clientes en el MOMA de Nueva York, ante un cuadro (La noche estrellada) de Van Gogh.

El MUJA (Museo del Jurásico), situado en el concejo de Colunga, también atrae la mirada fotográfica de muchos turistas foráneos.

Por los lugares que paso (a veces como viajero y en ocasiones engrosando los grupos de turistas), he ido recogiendo imágenes curiosas relacionadas con los usos turísticos y la forma de explotarlos, de las que ahora muestro una pequeña parte.

Familias chinas del interior del país haciendo turismo en la capital. Templo del Cielo, Pekín.

Realizando un "book" en las pirámides de Guiza, en El Cairo, Egipto.

Selfie ante el "Moulin Rouge" en París.

Visitantes en la costa noroeste de Fuerteventura, cerca del faro de Tostón.

Las actividades deportivas de ocio como el esquí, el surf, la bicicleta de montaña, etc, atraen a muchos turistas a determinados lugares, que en ocasiones se ponen de moda. Estación de San Isidro, León.

Otro de los grandes atractivos para el turista es la gastronomía de algunas regiones. En Asturias tiene un fuerte tirón la sidra, y con ella las sidrerías.

Mercadillo dominical de cualquier pueblo del mundo.






lunes, 21 de septiembre de 2026

Ventanas al mundo

 

Casa deshabitada por humanos, pero ocupada por gorriones comunes. Loza, Coaña, Asturias.

Según la Real Academia Española de la Lengua, ventana es una “abertura en un muro o pared donde se coloca un elemento y que sirve generalmente para mirar y dar luz y ventilación”. Pero una ventana es mucho más que esas palabras.

Patio interior de un edificio de mediados del XX del centro de Madrid, con pequeñas ventanas poco luminosas. 

Ventana de una casa si habitar. Endriga, Somiedo, Asturias.

Ventana visible desde el High Line Park de Nueva York, en la que han colocado un dibujo anticuriosos.

Figuradamente utilizamos el término para nombrar a algo que nos sirve para ver el entorno, el futuro o para abrir la mente. Esa metáfora a veces es real, pues muchas veces vemos el mundo a través de una ventana, literalmente, y otras soñamos con verlo mientras nos asomamos a una.

Muñecos (Mounaques) en Campan, donde por tradición se colocan por todo el pueblo el segundo domingo de julio, en este caso en un corredor de una casa. Alto Adour, Francia.

A través de la ventanilla de un avión vemos por primera vez el destino al que nos acercamos; en ocasiones incluso países que no pisamos. En la foto, afueras de El Cairo y rio Nilo, en Egipto, desde un avión que no se detenía en el país.

Un hombre espera en el aeropuerto JFK de Nueva York, soñando con las ciudades que podría visitar en los aviones que tiene enfrente de la cristalera.

Su factura, a lo largo de la historia humana ha tenido una evolución constante, pero básicamente se mantiene como un elemento de la vivienda que puede abrirse y que consta de un marco resistente y uno o varios cristales (u otros materiales transparentes). Pero en un principio, carecían de esas pantallas traslúcidas, y en muchos edificios antiguos aún vemos a través de ellas sin filtros.

Ventana de la cafetería situada en el castillo de Bellegarde, con el jardín enfrente. Loiret, Francia.

Arco de herradura de una puerta hacia el exterior en el castillo de Trujillo, Cáceres.

Atrio del Monasterio de la Oliva, en Carcastillo, Navarra.

Luz solar entrando por el claustro del Mosteiro de los Jerónimos, en Belém, Lisboa.

Iglesia de Santa María de Soto de Luiña (Cudillero, Asturias), desde un café cercano.

Tanto en entornos naturales, como en medios urbanos o rurales, nos dejan ver lo que hay fuera, dándonos una visión particular cuando los visitamos, aunque finalmente siempre deseamos volver al medio conocido, es decir, a ver el ocaso a través de la ventana de nuestro hogar.

Cruceiro de Sao Francisco, desde el convento del mismo nombre, el primero de esta orden en Brasil, a través de una ventana enrejada sin cristales. Olinda, Pernambuco, Brasil.

Plaza Mayor de Trujillo en Navidad, vista desde la ventana de un hotel cercano.

Ventana en Pilrig Street, Edinburgo, Escocia.

Amanecer en Miranda, Avilés desde el interior.

En los viajes, hemos fotografiado ventanas, por fuera y desde dentro, mostrando el paisaje que se ve a través de ellas, siempre diferente. Mostramos en esta entrada un puñado de fotografías que nos traen buenos recuerdos.

Ventana de un observatorio de aves, adaptada para ver sin molestar a las aves. Laguna de Cospeito, Lugo.

Los pasajero del Metro de Nueva York ven pasar las estaciones pensando solo en su destino tras una jornada laboral.

Ventana con solera del hotel "The Drovers Inn", en Inverarnan, Strathclyde, Escocia.

Anochecer invernal desde una ventana del "Gran Hotel de l'Abbaye", en Beaugency (Loiret, Francia).

Amanecer desde el interior de una habitación-cabaña en un hotel al borde del cráter de Mitzpe Ramon, en el desierto del Negev, Israel.

Antiguo Hospital de San Agustín desde el balcón de un hotel. El Burgo de Osma, Soria.

Ventana de un hotel situada en el medio de las praderas del norte de Islandia. Adardalur.

Buhardilla en Pilrig Street, Edimburgo. En la primera imagen en pleno día, en las siguientes atardeciendo y anocheciendo. Escocia.